El Padre de Todos


El Padrino es una historia de amor paterno-fraternal en el seno de una familia ordinaria… que sucede arreglar asuntos con tantita más violencia de lo habitual. Y es obra de un cineasta paterfamilias.

La película que en 1972 hizo historia, empezó la suya propia en 1959, cuando Mario Gianluigi Puzo publicó su libro explosivo.

Puzo (1920-99), que llegaría a recibir dos Oscar por sendas adaptaciones a su novela mayor, era hijo de inmigrantes sicilianos nacido en Manhattan, N.Y. (EUA) y que alegadamente tuvo conexiones con la mafia, lo que avalaba la credibilidad de su texto.

Uno de los triunfos más clamorosos de Paramount Pictures, El Padrino, dirigida por Francis Ford Coppola (Detroit, Mich., abril 1939), iba a ser hecha por el cineasta de origen griego Elia Kazan, ya que los productores inicialmente no detectaron el potencial de algunas secuencias rodadas del film; pero Francis terminó la película, y fue tal la respuesta general que la secuela se planeó aún sin haberse estrenado la Parte I.

Cosa buena que el buen Coppola prevaleciera a la cabeza del proyecto, siendo él mismo de sangre peninsular, casado con la misma devota mujer desde 1963 con quien procreó cuatro hijos. De hecho, Francis pertenece a una prole donde lo artístico corre por sus venas como el rico néctar de sus viñedos de Valle de Napa: Su padre fue el músico Carmine Coppola, cuya partitura de la cinta junto a Nino Rota le dio un Oscar. Su esposa Eleanor es autora del fantástico documental “Heart of darkness: a filmmaker´s apocalipse”, describiendo el rodaje pesadillezco de Apocalipsis Ahora, otro triunfo cinemático de su marido; ella se dedica a documentar el trabajo de su gente.

Su hermana es Talia Shire (una vez casada con el compositor premiado David Shire, de quien toma el apellido), madre de Jason Schwartzman, actor en films de Sofia Coppola, como Marie Antoinette.

Sofia, hija de Francis, está en el puñado de mujeres que han sido nominadas al Oscar (por dirigir Perdidos en Tokio/Lost in Translation), cuyo guión le mereció la estatuilla. Y está ese sobrino suyo, Nicolas, que cambió el Coppola por Cage. Es lo que llamaríamos una Gran Familia, a la que se incorporan una docena de chaparros dorados llamados Oscar.

Volviendo al film, la historia arranca cuando el "Don" Vito Corleone, padre devoto y amantísimo, cabeza de una “Familia” newyorquina –no se llaman a sí mismos Mafia—supervisa la boda de su hija única. Su hijo favorito, Michael, recién llega de la guerra, pero no intenta entrar al negocio familiar.

A través de su vida, la naturaleza de los negocios ha quedado clarificada. Vito es un padre cariñoso y benevolente para aquellos que dan su respeto, pero de naturaleza violenta cuando algo o alguien se interpone ante el bienestar familiar o contra sus hijos.

Don Vito vive al estilo antiguo, con sus valores firmes y estándares de moral claros; pero los tiempos cambian, junto con la gente, y algunos dentro de otros clanes no pretenden llenar los moldes obsoletos de comunidad y “familia.”

Surge un rival para los Corleone, que intenta vender droga en las calles de New York, y pide la influencia del Don para afianzar su plan, colisionando con esos valores a la antigua. Y aunque el padrino es capaz de mandar cercenar la cabeza al caballo favorito de un productor de cine que se niega a contratar a un amigo, se rehúsa firmemente al asunto de la droga. El precio que demanda este choque es terrible y Michael se ve obligado a intervenir. Después de todo él fue criado con dichos valores, y la vida lo ha tratado bien. Eventualmente y tras el deceso de don Vito, Michael tomará su lugar, si bien con resistencia pero en forma decidida. La Familia y la Moral deben conservarse. Aún en un círculo cuyos asuntos son inevitablemente ligados a la violencia.

La mitología

Es leyenda que Marlon Brando, cuya buena época ya había pasado –su film más reciente, Quemada, había sido un fiasco y lo llamaron “acabado”--, no había sido considerado, pese a su Oscar por Nido de Ratas y otras cinco nominaciones. Y cierto día se presentó a la oficina de producción un desconocido que se ajustaba a las características del personaje y dio una audición memorable.

Interesó, pero no tenía “nombre”, aunque pronto tuvo una cara: Brando, encanecido con talco, se despojó del abdomen de almohada y borlas de algodón en la boca –que ayudaron a dar otro timbre a su voz. Coppola se agitó, convulsionado de la risa, llamó a los ejecutivos Paramount y les dijo: “¡La búsqueda se terminó!.”

Entre los candidatos hubo actores completos como Ernest Borgnine (Marty), Edward G. Robinson (Cuando el Destino nos Alcance), Orson Welles (Ciudadano Kane), el paisano Anthony Quinn, y George C. Scott (Patton). Burt Lancaster quiso el rol pero no fue considerado.

Incluso los de Paramount pensaron en el productor italiano Carlo Ponti, marido de Sofia Loren, pero Coppola objetó, dado que el personaje, aunque de raíz ítala había nacido en los EUA, por lo que hablaba el inglés sin acento.

Coppola quería a Laurence Olivier o a Brando. “Quiero a un ítalo-americano, o alguien tan bueno que pueda actuar a uno.” Tras el curioso incidente de la audición misteriosa, Francis obtuvo lo que quería, casi sin querer.

A pesar de su reportado disgusto con el libro (el tema Mafia siempre lo rodeó) Frank Sinatra se acercó a Francis para obtener el rol. Brando le había quitado a Terry Malloy, de Nido de Ratas, y a Sky Masterson, de Guys and Dolls, pero era claro que el de Vito Corleone parecía escrito para los talentos de Marlon.

Al final, cuando Paramount quería pagarle el salario mínimo de Sindicato, el productor Robert Evans le ofreció U$50,000 más porcentaje. Brando, en uno de sus tantos líos legales con una dama estaba urgido y vendió sus puntos por U$100,000. Paramount, calculando que El Padrino sería un gran éxito, felizmente aceptó (Brando aprendió: Seis años después, y con un segundo Oscar, conservó el porcentaje por su breve rol de Jor-El, padre de Superman. Diez minutos de actuación se convirtieron en 10 millones de dólares de ganancia para él.)

Pero no olvidó el asunto Paramount, razón por la que declinó hacer publicidad para el film, pese a que todo se centraba en él, y asimismo aparecer en la secuela dos años después.

Otra curiosa ironía del rodaje: el actor Gianni Russo, que hace al yerno de Vito, grabó su propia audición, pero no lo querían. Él afirmó tiempo después, sin reírse, haber utilizado “contactos con la mafia” para asegurarse el trabajo.

Con nueve óscares por las dos primeras partes, única ocasión en que una cinta y su secuela ganan el premio mayor, The Godfather es la #2 de Las Más Grandes para el American Film Institute, y la frase “Voy a hacerle una oferta que no podrá rechazar”, es la #10 entre Las 100 Más Grandes Frases del Cine. ¡Qué película tan padre!

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